"La amorosidad aquí, se revela contra toda la indiferencia, todo el descuido, toda la pasividad y todo el olvido en relación al otro"

C. Skliar


lunes 10 de agosto de 2009

Carta de una mujer que fue niña a un niño que hoy es hombre


Del otro lado del alambrado estaba él; descalzo, con la cara llena de luz y tierra.
De este lado del alambrado estaba yo; sola y en silencio, jugando al amor.

Fue como vernos y saber que algo nos llamaba, algo teníamos en común y nos hacía iguales aunque el alambrado seguía ahí.

Él me hablaba como quien habla con la vida prematura aunque cansada y difícil de vivir. Y me enseñó a amar las tardes a su lado, con tan sólo 8 años los dos, podíamos crearnos nuestro propio arco iris para alejarnos de ese mundo triste y adulto.

Aunque nunca pudimos abrazarnos, y no recuerdo habernos visto sin ese alambrado de por medio, ese niño fue mi primer amor. Y entiéndase que cuando digo amor, digo afecto y contención, digo ternura, digo humanidad.

Y un día no lo volví a ver más. Y tuve que sumarme a una vida del mundo adulto, donde los alambrados entre las personas eran muros, donde la caricia siempre se demora, donde finalmente, si uno es amoroso y calido, si uno se abre y ofrece el corazón y siente, ese mundo, que es hostil, te golpea y te da la espalda.

Pero nunca pude olvidarte, niño que hoy serás un hombre, ojala dispuesto a amar, y sino, te cuento que yo estoy amando pese a todo, y que algo de ese gran sentimiento tiene que ver con vos, y con un alambrado que desaparecía gracias a las fantasías de dos niños jugando, de dos niños amando, de dos niños compartiendo lo que los hace humanos.

Aunque el mundo sigue siendo hostil, como siempre, también hay otros seres capaces de amor; aunque con miedo, y con la vida a cuestas, aun tienen sueños que compartir y esperanzas para andar.

Tal vez se hace difícil o confuso entender mi modo de ser, de acompañar, que a veces es total, y es una puesta en juego de mi cuerpo, de mi persona, con mis propios temores, sueños, temblores, sonrisas, cariño. Mi manera de vivir y de creer en el ser humano.

También es mi modo de curarme las heridas, de salvarme de la tragedia de vivir aislada, para no inventarme ni alambradas, ni cercos, ni muros de silencio, ni barreras.
El afecto, la ternura, lo humano: caben en un abrazo sincero. Una mirada dulce, una caricia a tiempo, puede ser lo que esperamos durante tanto tiempo.

Sin cuerpo, sin calor humano, sin contención y cariño, no se puede luchar.

Por eso soy en mi piel, lo que siempre se olvidó. El amor hacia el otro, es mi camino.
Es mi razón. Es lo que hace que haga de mi lo que soy.

Cuando aparece mi niña, siempre recuerdo tu sonrisa del otro lado. En realidad, siempre te recuerdo al lado mío, soñando.